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El trabajo de Andrea lo conocí en el año 2015 y desde ese momento quedé enamorada de la marca, el manejo del cuero para crear prendas atemporales, sencillas y con un bello trabajo artesanal. En esta ocasión Andrea se inspiró en la cultura japonesa y podemos ver la esencia de su colección crear sin destruir, donde la belleza se encuentra en las imperfecciones, en el devenir de las cosas, lo cual aplica también al ser humano.

Para Andrea la filosofía de Wabi-Sabi es un trabajo de aceptación y lo conecta con su nueva colección a través de pieles que conservan rasgos de su apariencia original, aplicando la idea del defecto por efecto. Usó técnicas de trenzado, rejilla, entrelazados y plisados dentro de su composición, para dar diferentes texturas y acabado a los cueros.

Las 38 prendas de la colección encantaron por sus siluetas orgánicas y simples, elementos de vestuario que no restringen el movimiento y a la vez comunican elegancia.

La paleta de colores usada fue muy terraria: negro, café, habano, azafrán entre otros y acabados metalizados y brillantes en algunas de las piezas.

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