Así como todas las niñas en algún momento de su infancia, yo también soñé con ser modelo o diseñadora. Fue uno de los sueños más fugaces que pasaron por mi cabeza. Ahora sé lo más básico. Combinar la ropa, escoger la joyería apropiada y maquillarme apropiadamente. Cuando me llamaron para cubrir el Bogotá Fashion Week, tuve varios sentimientos encontrados. El primero fue de mucha emoción, luego de unos dos minutos de estar así, me preocupé. No sabía ni lo más mínimo de la moda colombiana. Así que durante las siguientes dos semanas visité la página oficial del festival, estudié los diseñadores y me aprendí la agenda. Era lo mejor que podía hacer.

Cuando llegó el día no sabía que esperar. Estaba asustada porque sentía que no me había preparado lo suficiente, pero tenía muchas ansias de estar en las pasarelas, ya que nunca he podido presenciar una en la vida real. Llegué el martes 25 de abril a las 3 la tarde a la sede de la cámara de comercio de la avenida 26. Entre al showroom donde tenían a todos los diseñadores del festival, cada uno mostrando la ropa o los accesorios de su colección.

Llegó Lía y nos dirigimos a la pasarela, que quedaba atrás del edificio, ya que tenía que ensayar para el Opening de joyas. Fue en ese momento cuando presencie la primera pasarela. A pesar de que las mujeres no eran modelos y que no era el desfile de verdad, fue algo mágico. Todas las mujeres modelando le traían un elemento distinto a la pasarela, que la hacía cobrar vida.

Cuando llegó la hora del desfile al público, la integración de los asistentes al desfile lo hizo aún mejor. Viendo a las mujeres y hombres caminar por la pasarela, me podía imaginar perfectamente desfilando. Fue una experiencia muy enriquecedora, no solo para los espectadores que pudieron probarse joyas de diseñador, sino para todo el público que pudo relacionarse con los/las modelos.

De los pocos desfiles que he visto por televisión, siempre había pensado que la ropa era muy extravagante para mí o que nunca podría usar eso porque me vería mal. Cuando comenzó el desfile de Ana Laverde, ese pensamiento se esfumó. Las formas geométricas de los bolsos y sus colores vivos, mostraban que cualquier persona podía utilizarlos, porque eran diseños muy sencillos pero al mismo tiempo muy bellos y elegantes.

Las pasarelas que siguieron después de eso, me siguieron sorprendiendo. Desde la de Lina Cantillo, donde utilizó solo tonos rojos para sus prendas, hasta Custo Barcelona, con sus chaquetas y pantalones psicodélicos y brillantes. El miércoles, llegamos a las 3 de la tarde. Pudimos visitar el Showroom y entrevistar a la diseñadora de zapatos Julieth Estrada.

El showroom estaba lleno de los diseñadores que presentaban sus prendas en la pasarela. Es impresionante como cambia la ropa de un escenario a otro. El mismo vestido que vi el día anterior en una modelo, ahora se veía como una prenda de ropa ordinaria. La pasarela deja que la moda cobre vida.

El jueves la rutina fue casi la misma, llegamos a las 2 de la tarde, estuvimos en el showroom haciendo más entrevistas y luego a las 3:30 nos dirigimos a la pasarela para comenzar la última tarde del Bogotá Fashion Week. Ese día la pasarela estaba mucho más abarrotada, pues se presentaban los mejores diseñadores de la semana. Betina Spitz, Amelia Toro entre otras.

En general fue una experiencia muy agradable. Todos los diseñadores que tuve la oportunidad de conocer (Julieth Estrada, Luisa Alvarado, Álvaro Ávila y Ana Laverde) son personas como todos nosotros.

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